Nuestra identidad nace del Evangelio, se sostiene en el encuentro, con Dios y con las hermanas, y culmina en el servicio a la juventud.

Como Hermanas Trinitarias, vivimos una vocación consagrada al acompañamiento de mujeres y jóvenes en situación de vulnerabilidad. Nuestra historia, carisma y misión están profundamente enraizados en el amor liberador de Dios Trinidad, que nos impulsa a abrir caminos de acogida, liberación, dignidad y esperanza.
SOMOS TRINITARIAS
La Congregación religiosa, de Hermanas Trinitarias, nace en Madrid en 1885 como respuesta a las situaciones de esclavitud, trata y explotación que viven muchas jóvenes. Vienen buscando trabajo o promoción a la gran ciudad. Desean realizar sus sueños. Cuando encuentran todas las puertas cerradas no tienen más salida que vender su cuerpo, y muchas veces también su dignidad, para acabar en la calle, en un hospital o en la cárcel. Las hermanas trinitarias, movidas por el amor redentor y liberador de Dios Trinidad, abren una puerta de esperanza, y comienza un nuevo futuro para ellas: para las jóvenes que buscan, para las mujeres cansadas de sufrir, para todas las que siguen soñando.
"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para traer buenas noticias a los afligidos; me ha enviado para vendar a los corazones quebrantados, para proclamar libertad a los cautivos y la liberación de los prisioneros".
(Lucas 4,18)
ESPIRITUALIDAD
Nuestra vida nace y se sostiene en el misterio de Dios Trinidad. Un Dios que Padre misericordioso, Hijo que camina con sus hermanos, y Espíritu Santo, amigo del alma que consuela hasta lo más hondo. Un Dios que es familia, comunión de amor, "puerta abierta", "mesa compartida", "mano tendida". Con este Dios nuestro vivimos, y caminamos junto a quienes sufren, compartiendo sus luchas y sus búsquedas.
MISIÓN
Nuestra misión se concreta en la búsqueda, acogida, acompañamiento y promoción de Jóvenes y mujeres que esperan un futuro de esperanza. Hay quienes quieren realizar sus sueños y necesitan una guía; hay quienes esperan una nueva oportunidad; todos aspiran a ser felices. Las obras que hacen visible la misión, reproducen los gestos y palabras de Jesús, que acoge, consuela, perdona, libera, restaura, bendice y salva.
COMUNIDAD
Para realizar nuestra misión, en nombre de Jesús y con la fuerza de su Espíritu, vivimos en comunidad. La comunidad es la primera escuela de misión. Ahí, junto a otras hermanas, también llamadas para amar, y liberadas para liberar, aprendemos a vivir la fraternidad, para que después la podamos encarnar con cualquier persona "no mirando lo que han sido, sino lo que están llamadas a ser". Nos unimos para orar y recibir la fuerza "que viene de lo alto". La oración compartida, el cuidado unas de otras, el discernimiento, y la amistad, nos dispone para recibir el don de Dios que nos envía a la misión.
CARISMA
Nuestro carisma se inspira en el amor de Dios Trinidad que se hace cercanía, compasión y libertad. La vocación trinitaria es su Carisma: don del Espíritu que nos unge para ser reflejo del amor del cielo, que entra en la historia y se encarna en Jesús de Nazaret, el Cristo, que anuncia la redención y liberación a toda la humanidad, en primer lugar a quienes sufren exclusión, pobreza o abandono.
Nuestro modelo es Jesús, redentor y hermano. Nuestra guía, el Espíritu. Nuestra meta, el plan del Padre: la libertad y la vida plena de cada persona.

IDENTIDAD CARISMÁTICA
Espiritualidad y comunidad; carisma y misión: son diferentes perspectivas de la misma identidad carismática, que nos define y configura nuestra modo de ser y de vivir. El Carisma nos habilita para la Misión trinitaria. Es un don especial que recibimos del Espíritu, con el que somos ungidas y enviadas a llevar la Buena Noticia del Evangelio a la juventud y mujeres necesitadas, y a quienes el Señor nos va uniendo en el camino de la vida. El Carisma nos transforma, nos va asemejando a Cristo, y nos permite experimentar que, en la medida que somos más como Él, somos más trinitarias y, al mismo tiempo, más, mucho más, nosotras mismas. La nueva identidad carismática nos hace libres y hermanas, servidoras, madres y amigas, instrumentos de Dios para amar.

Ser Trinitaria es vivir en comunidad, buscando el rostro de Dios en la oración, celebrando la Vida, sirviendo con alegría a nuestras hermas, cuidando de quienes nos son confiados en la misión. Cada una según el don que le ha sido dado, desempeña una función, pero todas seguimos al mismo Señor, que a todas nos une, nos unge y nos envía a anunciar con nuestra vida u nuestras obras el Evangelio de la liberación.
Lo que Dios se propuso al fundar nuestra Congregación
Nuestros orígenes
La congregación fue fundada el 2 de febrero de 1885, en Madrid, por el padre Francisco de Asís Méndez Casariego y la madre Mariana Allsopp González-Manrique. Ambos, profundamente conmovidos por la situación de muchas mujeres jóvenes abandonadas a su suerte, iniciaron una obra basada en la fe, la confianza en Dios, y el compromiso activo con la vida, sobre todo allí donde está más amenazada.
Desde entonces, miles de hermanas han continuado ese legado en distintos países y realidades, haciendo presente el amor liberador de Dios.
Hoy seguimos bebiendo del manantial original, la Inspiración y el Carisma con el que se puso en marcha. Y nos anima la Historia ininterrumpida de tantas vidas que han encarnado el mismo ideal, lo han mantenido vivo, y así lo recibimos, y lo compartimos
Carta del Padre Méndez a todas sus hijas
Entonces como ahora, Dios, al ver el sufrimiento de su pueblo, dijo: “¿A quién enviaré?”. Y el profeta se ofreció diciendo: “aquí estoy, envíame” (Is 6,8). Pues también en el siglo pasado, almas privilegiadas, conociendo los deseos de nuestro Señor, viendo cuántas jóvenes había perdidas y sin tener quién las sacara del peligro en el que estaban, se ofrecieron generosas y dijeron: “Señor nosotras iremos".
Lo que Dios se propuso fue la rehabilitación de las jóvenes que habían perdido su libertad. Y, por carecer de dotes personales o no tener quien las favoreciese, o por estar llenas las plazas en las casas de acogida existentes, o por estar enfermas en el hospital y las condiciones especiales de él, no tenían quien fuera a buscarlas para levantarlas, acogerlas y darles una nueva oportunidad.
... Y nadie lo sabe mejor que madre Mariana, a quien el mismo Dios muy de niña trajera de lejanas tierras y preparara su corazón para que con una sola palabra prendiera en él aquella inspiración y, venciendo con la fuerza de lo alto las múltiples dificultades que a la empresa se oponían, la comenzara llena de valor... Esto es lo que Dios se propuso, la rehabilitación de las jóvenes que habían perdido su libertad...
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UNA MISIÓN COMPARTIDA
No estamos solas. Nuestra misión se extiende en los diferentes países y tantos lugares donde estamos presentes, con el apoyo de las comunidades de la Iglesia donde estamos presentes, y de tantas personas que trabajan con nosotras, que colaboran, y comparten nuestros sueños.
Hacemos camino con la familia trinitaria, formada también por religiosos, laicos, jóvenes, voluntarios y personas consagradas que comparten nuestro carisma.
Creemos que cada uno, cada una, desde su vocación, su don compartido, puede ser presencia de misericordia, consuelo y liberación en medio del mundo.
Nos sentimos muy unidas a la Iglesia, a la Vida Religiosa con sus múltiples Carismas, a la Familia trinitaria, y especialmente a las Instituciones que tienen una misión similar. Creemos profundamente que cuando compartimos nuestros dones, todos nos enriquecemos.



