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Nuestro compromiso frente a la trata

  • hace 20 horas
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 37 minutos


Desde los inicios de nuestra Congregación, hemos estado trabajando de diferentes maneras contra esta lacra que a afecta a tantos seres humanos. De hecho, nacimos porque el Espíritu tocó el corazón de Francisco y de Mariana, nuestros Fundadores, muy sensibles ante el sufrimiento humano. Él los llevó allí donde la dignidad de la persona, y de manera particular la de la mujer más vulnerable, era forzada, sometida y abusada.

 

En el corazón de Madrid, frente al palacio real, muy cerca del cuartel de la montaña, donde hoy está el templo de Debot, el padre Méndez confesaba todos los días a decenas de mujeres que estaban ahogándose en el pozo de la explotación sexual. Sintió la llamada a salvarlas, sacarlas de allí, ayudarles a recobrar su salud, a rehabilitar su dignidad, y retomar sus sueños; a devolverles la esperanza que les habían robado. Compartió su sueño con Mariana. Ella las conocía; sabía que venían a Madrid buscando un futuro diferente, pero no era fácil un trabajo digno, una puerta abierta, ni recursos accesibles, ni ayuda sin condiciones. Le dolía en el alma su tristeza, sus tropiezos, la desilusión que las cercaba, y sobre todo los abusos que lo causaban. Francisco y Mariana compartieron sus sentimientos, y sus deseos. Y soñaron con una casa grande, que acogiera a todas, con la puerta siempre abierta, que les diera pan y trabajo, vestido digno y libertad, esperanza para sus sueños y medios para lograrlos.

 

Y lo hicieron. Fue una heroicidad increíble, una locura para muchos. Pero lo soñaron, creyeron y entregaron toda su vida a esta causa. La gente les criticaba, pero Dios les bendecía. El Espíritu estaba con ellos, Él moldeo sus corazones hasta configurarlos totalmente con Jesús, para hacer hoy lo que El hacía, para volver a proclamar la Buena Noticia que esperan los corazones oprimidos. Dia tras día, noche tras noche, año tras año, milagros y prodigios se sucedían. Lo hicieron, y lo quieren seguir haciendo hoy.

Las Hermanas Trinitarias nunca dejamos de acoger y acompañar a mujeres, jóvenes, o más adultas, adolescentes e incluso niñas, engañadas, sometidas, maltratadas, vendidas y compradas. Víctimas de la explotación, de muchos abusos, del desprecio, muchas veces solo por ser pobres y ser mujeres. Lo han hecho siempre sin ruido, abriendo hogares y residencias, centros educativos o centros sociales. Son muchos los proyectos de perfiles plurales, muchas jóvenes que han rehecho sus vidas, que han logrado sus sueños.

 

Los cambios políticos, eclesiales y sociales, también la realidad de la Congregación nos llevó a apostar más fuerte por la prevención, la sensibilización, la formación y la creación de proyectos que rescaten del peligro y generen vida y esperanza.

 

Hoy queremos recuperar la primera intención de los fundadores: en salida, buscando a quienes necesitan ser liberadas, como aquellas primeras “locas del Obelisco”. Nuestras primeras hermanas se acercaron a las mujeres heridas con el estilo del Evangelio, leído con los ojos del carisma trinitario: un carisma de redención, liberación, ofrecido para restaurar vidas rotas, para devolver la dignidad robada, al modo de Jesús.

 

Sin dejar a quienes están en peligro o pueden estarlo si nadie les abre una puerta a tiempo, queremos apostar fuerte de nuevo por quienes siguen oprimidas porque perdieron la esperanza, y no saben que pueden recuperarla y empezar de nuevo.

 

Esta decisión se sitúa en un momento congregacional de vitalidad y renovación, y en un contexto de revisión de nuestro apostolado y discernimiento en el que buscamos responder hoy, con la misma claridad y audacia, a la llamada del Espíritu para seguir siendo faro en las sombras del mundo de la trata.

En el contexto actual, este camino lo tenemos que hacer con la Iglesia, en colaboración con otras congregaciones y entidades que luchan por la causa de la liberación.

 

No se trata simplemente de hacer más, o algo diferente, sino de estar donde el carisma nos reclama hoy, con un estilo evangélico que ponga siempre en el centro a la persona. Confiamos en que el Espíritu seguirá guiando nuestros pasos para que la vivida pueda abrirse paso allí donde la dignidad humana se ve más amenazada.

 

Felicia Fernández - Hermanas Trinitarias

 
 
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